miércoles, 26 de febrero de 2014

No soy quien crees que soy.

No soy quien crees que soy. Saber pronunciar mi nombre, pero no su significado. No sabes que oculta cada letra de ese nombre, sabes a que piel pertenece pero no lo que esta esconde. ¿De que sirve que digas mi nombre? Crees conocerme. Es más, te das el lujo de poder juzgarme, intentar adelantarte a mis acciones y mirarme de esa manera.
Tu anatomía y la mía son iguales, nuestros rasgo son diferentes y nuestra mente está totalmente polarizada. Mis ojos verdes se enfrentan a los múltiples colores de los tuyos. Mi voz es apagada muy a menudo por la intensidad de la tuya. Las ondas que genero no llegan mucho más allá de las cuatro paredes de mi habitación, en cambio las tuyas son capaces de tener eco en un campo abierto. 
Los sentimientos que mi piel permite aflorar son confusos, ilimitados y poco valorados. En cambio en tu piel es diferente, están limitados, jerarquizados y clasificados. Pretendes atarme y llevarme contigo. Tus manos frías y huesudas sujetan las mías, arrastrándome hacia el caos. En un principio me tenías asiada por los hombros, pero a medida que han pasado los años he conseguido soltarme. En este momento, mis manos resbaladizas por el sudor frío de los nervios me ayuda a separarme finalmente. Quizá no llegue a soltarte nunca o quizá cuando lo consiga volveré corriendo a abrazarte.
Nuestras mentes extrapoladas es el motivo de nuestra ruptura. Tu presumes de una liberación mental, en la cual me encasillas y calificas. Pero para mi mantienes una mente infectada por pensamientos ajenos y de otras épocas. Por que ese pensamiento se exprese en un medio multimedia con un soporte plano, iluminado e inalámbrico no lo diferencia de una opinión escrita a pluma y tinta clavada en la puerta de la iglesia. 
Te advierto que la ruptura no será fácil, para ti puede que sí, seguirás por tu camino secuestrando más mentes. Pero yo me sumiré en un vacío que rellenaré paulatinamente con ayuda de papel y tinta, arte y música. 
No te sientas alagado por este escrito, el fracaso es lo que suponen  estas palabras. No creas ahora conocerme, por que sigo oculta para ti. Los elogios hacia ti son en vano, ya que el triunfo me lo llevaré yo. De dos mundos diferentes, encerrados en la misma caja.
Es tarde para aclararte, para enfrentarme a ti y librar otra de las miles de batallas ya realizadas que solo hacen perder saliva y fuerzas. Pero aún no es tarde para presentarme. De forma educada y sosegada, querida Sociedad no soy quien crees que soy.