Suavemente el amargo néctar de color del ébano era
consumido, manteniendo su cálida esencia humeante, atrapada en una cárcel de
cerámica violeta. Los ojos de la vida, protegidos con una montura gruesa negra
la cual se empañaba a cada sorbo. Uno de los tirantes de la camiseta se
deslizaba por la suavidad del hombro. Los tristes rayos de sol de la mañana
formaban leves destellos en su rostro, mientras con los ojos cerrados intentaba
absorber cada brizna de calor exenta en su insatisfecha rutina. Un inesperado
sonido, imitando a una burbuja de aire reventando al escaparse al llegar a la
superficie del agua rompe el ritual de cada mañana. Creando una tibia sonrisa
tras el ardiente brebaje casi consumido.
***
La fría bebida danzaba en un ajado recipiente, acompasada
por una cucharilla, creando una melodía que con los movimientos de la mano
adormían el ambiente. Las latas metálicas ya vacías, descansaban en el
escritorio cubriendo gran parte de él. La oscuridad de la habitación se
desvanecía con haces de luz que se colaban por las rendijas de la persiana.
Dejando ver un caótico desorden complementado por una cama desecha y una silla
escondida bajo cientos de prendas de ropa. Un caos manifestante de una carencia
de tiempo y una ausencia de inspiración.