martes, 14 de mayo de 2013

Café. Solo café.


Suavemente el amargo néctar de color del ébano era consumido, manteniendo su cálida esencia humeante, atrapada en una cárcel de cerámica violeta. Los ojos de la vida, protegidos con una montura gruesa negra la cual se empañaba a cada sorbo. Uno de los tirantes de la camiseta se deslizaba por la suavidad del hombro. Los tristes rayos de sol de la mañana formaban leves destellos en su rostro, mientras con los ojos cerrados intentaba absorber cada brizna de calor exenta en su insatisfecha rutina. Un inesperado sonido, imitando a una burbuja de aire reventando al escaparse al llegar a la superficie del agua rompe el ritual de cada mañana. Creando una tibia sonrisa tras el ardiente brebaje casi consumido.
***
La fría bebida danzaba en un ajado recipiente, acompasada por una cucharilla, creando una melodía que con los movimientos de la mano adormían el ambiente. Las latas metálicas ya vacías, descansaban en el escritorio cubriendo gran parte de él. La oscuridad de la habitación se desvanecía con haces de luz que se colaban por las rendijas de la persiana. Dejando ver un caótico desorden complementado por una cama desecha y una silla escondida bajo cientos de prendas de ropa. Un caos manifestante de una carencia de tiempo y una ausencia de inspiración.